El ambiente actual de la sociedad conduce a muchos a vivir volcados hacia fuera, con una permanente ansia de poseer esto o aquello, de ir de aquí para allá, de ver y mirar, de moverse, de distraerse con futilidades, quizá con el intento de olvidar su vacío interior, la pérdida del sentido trascendente de la vida humana. A quienes hemos descubierto la llamada divina a la santidad y al apostolado, nos debe suceder lo contrario. Cuanta más actividad exterior, más vida para adentro, más recogimiento interior, buscando el diálogo con Dios presente en el alma en gracia y mortificando los afanes de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida
Texto de J. López, y foto, tomados de